“A mí, que me he hablado con el Diablo de frente¡¡” la anécdota de don Fernando y Cirilo que no se publicó…

Manuel Hernández/TUNDETECLAS.- Poner una fecha exacta de los hechos sería mentir pero ocurrió hace más de 23 años, previo al 2000 cuando la campaña al Senado e involucra a dos de los hombres más huevudos que ha tenido Veracruz en su nueva historia, de la nueva ola porque si algo le sobra a esta entidad es gente valiente y valiosa: el ex Gobernador Fernando Gutiérrez Barrios y el cacique sureño Cirilo Vázquez Lagunés, uno con huevos de búfalo y el otro con huevos de toro.

Imaginemos al testigo: un muchacho mozalbete, reportero de guardia, el más pendejo de la redacción en medio de puro general, medio gordo por no comer a sus horas debido a las jornadas del trabajo, entradas en el cabello también por trabajar mucho, una mochila al hombro porque además acude a la Universidad, mochila en la que no existen libros ni libretas sino un montón de papeles que a la fecha se ignora para qué servía tanto pinche papel pero se cargan “por si hacen falta”; con los años esto causa hasta carcajadas porque llega un momento en que el político se siente orgulloso con que sólo acudas a su evento, aunque ni siquiera escribas nada, sólo por hacer acto de presencia, “miren, vino”, así dicen, casi, casi, hasta le robas la nota por engalanarle la eventualidad.

Entonces el director en Jefe que está amargado por sus traumas laborales y de juventud tiene ganas de molestar y llama pues a su reporterazo de Guardia y le dice, lánzate al Aeropuerto al vuelo de las 6 por si hay algo, son ganas de molestar porque todo el Veracruz empresarial y político sabe que el tercer vuelo del aeropuerto nadie lo cubre porque nunca pasaba nada no llegaba nadie, la actividad se concentra en el vuelo mañanero y si acaso en el medio día, que salga una buena entrevista en el vuelo de la 6 claro que puede darse, pero casi nunca pasa, decir “nadie” suena despectivo y racista pero son términos que se manejan en el argot, claro que llegaba gente pero ninguno vamos a llamarle, “entrevistable”.

Ni modo, paga de tu sueldo o del apoyo que te dan como becario el taxi al aeropuerto porque para allá ni siquiera llega el camión, pero cual es la sorpresa el esfuerzo y coraje reciben su recompensa cuando del avión se baja nada más y nada menos que Don Fernando Gutiérrez Barrios, el pre o candidato al Senado de la República que regresa al terruño estatal tras haber sido durante el Salinato, titular de la secretaría de Gobernación, quién lo iba a decir, el olfato periodístico del jefe no era sólo por molestar sino que cabía la posibilidad de que en ese vuelo llegara “alguien”.

A la distancia y en el recuerdo, y parece mentira que un suceso de hace 23 años se pueda escribir de manera más o menos correcta tanto tiempo después por lo que significó y el contexto, pero al reflexionarlo tiene lógica el hecho de que don Fernando arribara a Veracruz desapercibido en un vuelo de las 6 por el fenómeno que significaba su llegada a cualquier lugar sobre todo aquí en su tierra, si don Fernando llegaba a un evento parecía como cuando Moisés abre el mar rojo para que pasaran los israelitas, y es verdad, no es exagerar.

En los eventos a los que acudía Gutiérrez Barrios siempre estaba un tumulto de gente y todos los presentes lo querían saludar, suele darse en las giras presidenciales pero en su caso era distinto, con los Presidentes la gente se amontona y no se quita ahora hasta piden su selfie y el personaje termina caminando en medio de un túnel hasta que llega al estrado, pero con don Fernando era tanto el respeto que ocasionaba que lo saludaban y se quitaban, entonces a su paso se formaba un efecto abanico, como decimos como cuando Moisés abrió el mar a los hebreos y se cerraba en su andar.

Prácticamente no hay testigos, ni un reportero más que el que dejó la guardia por mandato del jefe para cubrir el vuelo de las seis, también un grupo de barberos que si llegaron con una lona de “bienvenido” y a la vista un hombre lo espera, erguido de frente, retándole, alguien que vino a provocar, ese alguien era Cirilo Vásquez Lagunes.

Todo un ejemplo de lo que es un cacique, chaparrón, probablemente no llega ni a los 1.70 de estatura, esos son los peores porque tienen el complejo de Napoleón, de brazos fuertes, mejillas rosadas, barba, peludo y barrigón, con una playera tipo polo rosita, cínico hasta vestía de rosa, estos sujetos eran muy peligrosos, de la vieja guardia los que se negaban incluso a entrar en el narcotráfico porque sabían que meterse en el mundo de las drogas era poner en riesgo lo construido que les bastaba de sobra.

Pues ese señor se le para enfrente a uno de los a hombres más temidos en la historia del país.

Pero don Fernando se da cuenta de inmediato que le llegaron a tirar bronca, su equipo e seguridad que tampoco son muchos, si a caso un par de ellos se quieren poner enfrente pero éste no lo permite, qué quieres, le dice:

  • Qué quieres, Cirilo Vásquez Lagunés.
  • Fernando Gutiérrez Barrios, me metiste a la cárcel injustamente y vengo a reclamarte por ello¡

Don Fernando para nada se cabrea sino por el contrario, quedan casi frente con frente porque el ex gobernador es un poco más alto, vestía la clásica guayabera y el paliacate al cuello tipo corbata, es incluso su estilo, los políticos del PRI comenzaron a usar guayaberas en los eventos porque así se vestía don Fernando.

  • Te llevé a la cárcel porque eres un hombre que siempre ha vivido fuera del estado de derecho¡ tenías armas.

Esa fue la respuesta del ex gobernador de Veracruz, el antecedente de ese reclamo fue que años atrás, Cirilo había estado en la cárcel y organizó un mitin de reos en la que don Fernando entró directamente a negociar con él, Cirilo era un cacique que controlaba al menos 23 municipios en el sur del Estado, de los clásicos caciques que controlan todo y tienen al mismo tiempo a la gente contenta, su encarcelamiento fue claramente por tintes políticos porque se le volteó al PRI y en efecto, tenía todo un arsenal en su poder, un cacique.

Luego se quedan mirando unos segundos como esperando que uno haga algo en contra del otro pero ninguno hace nada, clásica escena de pleito entre dos machos mexicanos, don Fernando avanza y Cirilo se quita y cuando se le vuelven a acercar sus allegados alcanza a decir:

  • Cómo ven a este¡ me viene a decir así a mí, a mí que me he hablado con el Diablo de frente¡

Frase que regularmente mencionaba a sus cercanos.

No había fotógrafo o al menos no de la empresa y al regresar a la redacción se le cuenta lo ocurrido al jefe con el valor agregado de que la nota es en exclusiva, el director de inmediato telefonea al dueño del periódico y con el reportero presente el propietario del rotativo baja de su oficina en el último piso y vuelven a pedir al reportero que relate el evento, más que nervioso, tartamudo, tétrico, petrificado, 19 años, empezando y enfrente de tu jeje y del dueño del periódico que nunca baja, la recompensa es sólo un “buen trabajo, sigue así”, saludo de mano y palmadita al hombro, poca cosa pero sabe a gloria.

Al final del día se decide no publicar la nota, sólo una mención a manera de comentario a la mitad del texto o casi al final, y sin armar líos se obedecen las órdenes el periódico ni siquiera es de uno y el dueño o los jefes deciden, pero a la distancia se sabe más que a ciencia cierta el por qué.

En primera no había fotografía, en aquellos años un reportero no tenía fotógrafo, tenerlo era un privilegio y a la vez responsabilidad o para el estrellita de la redacción, incluso a algunos nunca se los asignaban y de su bolsa contrataban fotógrafos, paraban a cualquiera en la calle y les daban una cámara, muchos hicieron carrera como profesionales de esta manera, de la nada, aprendiendo, y a la fecha son famosos y respetados en su profesión, en esos años los teléfonos no tenían cámaras como ahora, sí existían los celulares pero les llamaban “ladrillitos”, si algo así hubiere ocurrido en la actualidad, al menos unas 10 personas lo habrían grabado y la reproducción del video con millones de visitas.

Al reportero, para que no se siente mal se le dice que no se publicaría la nota en portada como ameritaba porque era muy peligroso meterse con Cirilo Vázquez, que era un cacique y no vaya ser que tome represalias, un engaño para un joven principiante, una mentira piadosa.

Pero la verdadera razón de no publicar el encuentro Cirilo-Don Fernando fueron los intereses políticos y económicos, era una campaña al Senado y el publicarlo implicaba recordar viejos escenarios que comprometían al ex gobernador de Veracruz, no querido, amado por los periódicos y periodistas de antaño a quienes llenó las bolsas de dinero, pero además, independiente de eso ni siquiera venía al caso, para qué darle voz al reclamo de un cacique abusivo, aunque fuera un personaje emblemático y querido en su región no dejaba de ser una persona nociva, dijéramos en estos tiempos, políticamente incorrecto.

Un tiempo más tarde Fernando Gutiérrez Barrios falleció en situaciones poco claras, que no se recuperó de la anestesia de una operación de rutina, murió en la plancha de operaciones como Amado Carrillo Fuentes, el señor de los cielos, y otro tiempo después tocaría su turno a Cirilo Vázquez Lagunés, el mismo reportero pendejo lo pudo entrevistar en exclusiva unas semanas antes de su ejecución, la última entrevista antes de morir, cuando le entregaron el cuerpo de su hermano Ponciano, asesinado en Huimanguillo, Tabasco, aquella ocasión dijo, “no me importa lo que pase, no me voy a dejar”. Con escopetazos y R 15 rafagueron su camioneta.

Dos tipos de cuidado.

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