Debate; López Obrador Agarró sus chivas y se fue

TUNDETECLAS.- No bien terminaba la transmisión del debate de candidatos a la Presidencia y López Obrador agarró su maleta tipo mochila vieja para pasar a retirarse.

Se le caían los papeles, mero y se resbala del escalón poco faltó para azotar.

Empezó a las 20 horas 5 candidatos cada uno con su respectivo “sex appeal”.

Margarita Zavala dirigiéndose a las mujeres y esquivando los ataques a su marido, Felipe Calderón.

Meade formal y sobrio pero sin la suficiente artillería para demostrar, que él le puede ganar a Morena.

López Obrador despeinado con la corbata chueca y el nudo mal hecho, ese trillado “cliché” del mexicano fodongo, el mexicano “ahí se va”.

Jaime Rodríguez, El Bronco, el broncudo, el más lúcido y polémico pero muy cómodo porque no tiene nada que perder.

Y un Ricardo Anaya el niño aplicado, sacando láminas, un libro viejo as bajo la manga que le ha servido a sobremanera.

El debate de candidatos a la presidencia dejó en evidencia que todos son criticables, tienen cola que les pisen.

No fue un “todos contra López Obrador” fue un “todos contra todos”.

Cada uno tuvo sus momentos y hubo claro, momentos cruciales.

El debate más ávido, ágil y rudo en la historia del país.

Un debate en donde ya se vio, los moderadores influyen en el desarrollo.

¿Qué manda a la lona a López Obrador? O que lo orilló a salirse antes todo enojado:

Cuando dijo, de su boca salió, que ya le ofreció el avión presidencial a Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, algo que ni es suyo, de hecho, aunque ganara.

No contestar los señalamientos, empezó a hacerlo hasta 8 minutos antes de la conclusión.

Cuando lo exhibe el Bronco, la idea de regresar las prerrogativas.

Porque en el peor de los momentos sacó su encuesta de que va ganando.

Un viejo libro que escribió hace años en donde acusa de corruptos a los mismos que ahora lo acompañan de candidatos, hasta “el jefe de su gabinete”. El libro lo llevaba Ricardo Anaya.

Decir que hará una consulta de refrendo de mandato cada dos años.

Cuando dijo “no soy un ambicioso vulgar no ando en busca de cargos”.

Comparar su elección con la Independencia de México y La Revolución mexicana.

Pero fue Ricardo Anaya el que le da el “upercut” el nocaut a la lona, al plantearle lo que se pregunta toda una generación de Mexicanos pregunta a la que incluso sí respondió por lo claridoso del cuestionamiento:

“Te respetaba Andrés, eras opositor del sistema pero ya ni eso, pactaste, ¿por qué cambiaste?”.

“No pacté -decía- es que no soy un vengativo de la política”.

Pero sobre todo lo lleva a la lona la actitud que él mismo toma al finalizar, agarrar su maleta, bien enojado.

Hay una verdad universal, aquí en China, en Palestina y en Pejelandia:

El que se enoja pierde.

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